La educación, clave para el Estado del Bienestar

La educación constituye un servicio público básico. La LOMCE, también llamada Ley Wert (recién estrenada este curso), supone un retroceso en muchos aspectos, como el impulso de la enseñanza privada frente a la pública o la liquidación de cualquier aspecto que favorezca el pensamiento crítico. Por BERNAT JOAN.

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LOCME

Manifestación contra la LOMCE en Madrid. // EUROPA PRESS

La educación es clave para avanzar en el Estado del Bienestar, para generar dosis importantes de igualdad de oportunidades, para romper las cadenas de las desigualdades sociales generadas por cuestiones como la herencia recibida o el hecho de haber nacido en el seno de una clase social determinada. La educación es clave también para generar una sociedad donde la libertad constituya un elemento básico o para diseñar sociedades sumisas y poco proclives a la crítica o a la protesta. Depende, evidentemente, de quién tenga en sus manos este diseño. La educación, en suma, es clave.

La educación constituye un servicio público básico. En nuestra manera de entender el Estado del Bienestar, los servicios básicos deben ser universales y deben ser provistos por las instituciones públicas. Dicho en plata: todo el mundo tiene derecho a una escuela para sus hijos (hablar de la formación permanente nos llevaría a un debate mucho más delicado) y todas las personas tienen derecho a la sanidad. Cualquier discriminación en estos dos servicios básicos constituye, desde mi punto de vista, pura y llanamente, un atentado a los derechos humanos.

¿Podemos entender, en este contexto, la LOMCE como un simple devaneo de grandeza del ministro Wert, que quiere dejar huella de su paso por el ministerio, como suelen hacer todos los ministros mediocres y cortos de miras? ¿Consideraremos que el descrédito de la educación pública que se está sufriendo en las islas Balears bajo el desgobierno de José Ramón Bauzá responde simplemente a las manías del presidente? Creo que la cosa es bastante más complicada. Tanto Wert como Bauzá trabajan para quien trabajan.

La LOMCE supone un retroceso desde muchos puntos de vista (y este aspecto ya ha sido analizado profusamente por creadores y creadoras diversos de opinión pública): en aspectos varios volvemos a un olor de naftalina que algunos prácticamente creíamos que ya habíamos olvidado. Reinstituir reválidas no se sabe claramente con qué objetivo, favorecer la escuela privada frente a una educación pública que se encuentra lamentablemente degradada, liquidar cualquier aspecto que pueda relacionarse con la capacidad crítica de analizar la realidad son aspectos, entre otros muchos, que nos muestran claramente que la LOMCE es una ley altamente recesiva.

En el caso de las islas Balears, el asalto a la educación pública se está propiciando de una manera mucho menos sibilina (o institucional, si se quiere decir así), y va dirigido directamente a la degradación del sistema público para que exista un flujo de alumnado de la enseñanza pública hacia la escuela privada. Y, sobre todo, se trata de impedir que las islas acaben contando con un modelo público de enseñanza, reivindicación largamente expresada desde diversas instancias del mundo de la educación.

Cuestiones como las que comentamos sobre se entienden desde un error básico de perspectiva: en el mundo educativo, los proyectos, ¿se pueden generar de arriba hacia abajo, o son más adecuados de abajo hacia arriba? Es decir, ¿se trata de diseñar un determinado sistema educativo desde los despachos de los ministerios y las consellerías, o desde la experiencia diaria que tienen los profesionales de la educación, en base a sus tareas cotidianas? Una visión napoleónica del mundo educativo, como la que padecemos desde hace cerca de dos siglos, optaría por el primer modelo. Una visión útil para la docencia en pleno siglo XXI probablemente se decantaría más por el segundo.

Está en nuestras manos generar un modelo educativo nuevo, desde las necesidades específicas de cada una de nuestras sociedades, con acuerdos entre los diferentes sectores del mundo educativo, con participación democrática y debate franco y abierto. Y, mientras estamos construyendo este nuevo proyecto educativo, debemos trabajar para esquivar, con las armas que estén en nuestras manos, el modelo obsoleto que se nos impone desde las telarañas del castillo vampírico.


Bernat Joan i Marí (Ibiza, 1960). Doctor en Filología Catalana y sociolingüista, ha publicado novela, ensayo y teatro. Fue diputado en el Parlamento Europeo (2004-07) y secretario general de Política Lingüística de la Generalitat de Catalunya (2007-2011).
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