Europa afronta este año el centenario de su I Guerra Mundial y el 75 aniversario de su II en plena crisis económica, política y social. La ciudadanía no debe olvidar que Europa es mucho más que un continente: es también un legado y un pasado comunes, un proyecto de futuro para sus países miembros. Por eso COMBATE ha querido dedicar su primer número a Europa, con el objetivo de honrar esas raíces por las que nuestros mayores lucharon.

Una pareja celebra la caída del muro de Berlín. // LUIS MAGÁN (EL PAÍS)

Una pareja celebra la caída del muro de Berlín. // LUIS MAGÁN (EL PAÍS)

Europa, la vieja Europa, está en crisis. No es sin embargo la tan temida crisis económica, este fantasma del mundo presente, la que asola sus carnes; o mejor dicho, esta no es sino uno de los numerosos rostros de un mal mucho más profundo que recorre las esferas diversas de lo social, lo político, lo ciudadano, lo económico y, sobre todo, lo cultural. Los demonios de Europa son muchos, y algunos de ellos sumamente peligrosos. Sus manifestaciones más visibles están a los ojos del mundo: el crecimiento de los fervores nacionalistas, especialmente de ultraderechas, y de la xenofobia; las políticas de austeridad sin mesura dictadas por el interés de unas pocas naciones hegemónicas y por el espejismo del crecimiento económico sin fin; y, en última instancia, la progresiva acentuación de las desigualdades sociales,

de donde surge siempre –la historia nos lo ha enseñado suficientemente– una alarmante inestabilidad social y política. Hay no obstante otro tipo de manifestaciones, menos perceptibles ciertamente, pero no por ello menos inquietantes, de este mal. Y quizá la peor de entre todas ellas –aunque no exclusivamente europea– sea la indiferencia ciudadana, la indolencia de sus acomodaticias clases medias. Es significativo, si no revelador, el hecho de que este año se cumpla el centenario de la Guerra de 1914. No cometeremos la ingenuidad de comparar la situación de entonces con la de ahora, tan diferente en muchos sentidos, pero lo cierto es que algunos paralelismos llaman cuanto menos la atención e incluso llegan a estremecer. En cualquier…

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El filósofo Josep Ramoneda reflexiona en COMBATE sobre los orígenes del ideal europeo, los peligros a los que Europa se enfrenta y el futuro incierto que la acecha. Frente a este panorama, dice, los movimientos sociales están llamados a jugar un papel clave. Por F. BENITO, B. PÉREZ y C. SEGLERS.

Josep Ramoneda retratado en su estudio. // KENIA PÉREZ

Josep Ramoneda retratado en su estudio. // KENIA PÉREZ

Josep Ramoneda (Cervera, 1949) recibe al equipo de COMBATE en su estudio de Barcelona una mañana soleada de marzo. Montañas de libros inundan la mesa de su escritorio, un espacio repleto de luz y tinta impresa donde resulta sencillo imaginárselo reflexionando sobre Europa y su futuro, escribiendo acerca de las incertidumbres que atenazan a las democracias actuales. Montañas de libros que, sin embargo, no transmiten desorden alguno y que reflejan la pasión por el saber del filósofo y periodista catalán. Colaborador habitual de El País, Cadena Ser y profesor de

filosofía contemporánea en la UAB durante más de 25 años, Josep Ramoneda es una de las voces más lúcidas de la actualidad. Autor de libros como Apología del presente (1989), Después de la pasión política (1999), Contra la indiferencia (2010) o La izquierda necesaria (2012), fue director del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). Actualmente preside el Institut de la Recherche et de l'Innovation de Paris y es…

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¿Qué es Europa? Al contrario de lo que medios y políticos parecen dar a entender a diario, Europa es mucho más que un argumento económico. Su carácter puede definirse únicamente al filo de una compleja evolución cultural, un entretejido lleno de matices y contrastes, único sin embargo en su uniformidad. Por FERRAN BENITO.

Mapa de Europa en el año 1560.

Mapa de Europa en el año 1560.

A la antigua Grecia debemos, entre otras tantas cosas, una de las imágenes más sugerentes y afortunadas de la tradición literaria y pictórica occidental: Zeus, dios entre dioses, convertido en un magnífico toro blanco, huyendo a través del mar con la bella Europa a sus espaldas. Según las principales fuentes del relato, Zeus habría quedado prendado de la belleza de esta hija de Agensor, rey de Tira (en la actual Siria), y se le habría presentado bajo la forma de un dócil animal, mostrando «con el cuello retorcido la vasta espalda, que a subir la invita» (Moscos, Europeia, XXII-XXIII). Una vez ella en hombros, habría arrancado a correr, para

sorpresa de todos, hasta la isla de Creta, más allá del mar, donde, despojado ya de su disfraz de toro, la habría seducido. De la mano del mito, los primeros geógrafos griegos empiezan pronto a tomar una cierta consciencia de Europa en cuanto que noción territorial. Noción que no se corresponde, sin embargo, con la que hoy tenemos, en la medida en que por aquel entonces comprendía fundamentalmente la parte del mundo conocida por los griegos de un modo más o menos directo, es decir, las regiones continentales e insulares que…

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Las Elecciones al Parlamento Europeo se celebran entre el 22 y 25 de mayo acechadas por un alto índice de euroescepticismo que encarna, sobre todo, la extrema derecha. La ciudadanía asiste desencantada y sin memoria a un juego político del que se siente fuera desde hace tiempo. Hay motivos para indignarse, pero también motivos para instar al cambio y defender el modelo europeo. Por BEATRIZ PÉREZ.

Un tren recorre la región rumana de Tansilvania. // B. PÉREZ

Un tren recorre la región rumana de Tansilvania. // B. PÉREZ

He vivido ocho meses en la ciudad de Timisoara, Rumanía, gracias al European Voluntary Service (EVS), un voluntariado financiado por la Comisión Europea que me tuvo en tierras del Este desde septiembre de 2012 a abril del año siguiente. Allí conocí a jóvenes de mi edad que procedían de diferentes países de Europa, sobre todo de la parte occidental. Nos unían, obviamente, aficiones, intereses e inquietudes, pero Europa, con su babel de lenguas y su plena diversidad de historias, resultó ser el verdadero espacio en el que todos sentimos que nos podíamos encontrar de un modo u otro. Una de las conversaciones que más me impresionó se la escuché a una amiga austríaca, quien, remontándose a la década de los 40, narraba cómo su abuelo, con seis años y agarrado a los barrotes del jardín de

su casa, veía pasar frente a él los trenes llenos de seres humanos directos al campo de concentración de Mauthausen, el mayor de cuantos hubo en Austria. A aquel niño que es ahora anciano lo separaban tan solo diez kilómetros del descenso a los infiernos. En las décadas de los 30 y 40, Europa fue el escenario en el que la barbarie humana campó a sus anchas. Desde entonces han pasado ya más de setenta años. Setenta años pueden ser mucho o pueden ser muy poco, como diez kilómetros de Mauthausen pueden ser una inmensidad o solamente un paso. Diez kilómetros fueron para muchos apenas unos minutos en tren y fueron a la vez…

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El director, guionista y productor de cine español José Luis Cuerda habla en COMBATE sobre el imperio del capitalismo financiero en el que unos pocos ponen en jaque a la ciudadanía. Con su habitual sentido del humor, Cuerda se queja de esta Europa que se ha vendido al dólar y que ha hecho de la reiteración una manipuladora arma de poder. Con ilustración de Marta M. Bruix.

José Luis Cuerda. // ANA JIMÉNEZ (LA VANGUARDIA)

José Luis Cuerda. // ANA JIMÉNEZ (LA VANGUARDIA)

Una pata es la apariencia. Otra, la percusión. Y una tercera, la reiteración. Las tres están unidas como culmen por un aro o un triángulo, que, como su naturaleza obliga, no tienen ni principio ni fin. Son de hierro y sujetan el perol donde se guisan nuestras vidas. Sobre esas patas, sobre esta trébede, a fuego lento o a rebato, y lo queramos o no, se elaboran las recetas de tendencias, ideales, triquiñuelas, sueños y mandangas que nos hacen tragar todos los días del año, a todas horas. El asunto se agrava si se tiene en cuenta que los usos actuales aconsejan dar al consumidor de ideas, artes, costumbres un bolo alimenticio bien masticado, bien deglutido, digerido, si es posible: mierda, pues. Pero una mierda muy particular. Las cosas –hay que incluir

a las personas– ya no interesan por lo que son. No hay tiempo, ni ganas, ni interés de/por averiguar esas profundidades. Nadie va a hacer caso al viejo Ortega cuando aconsejaba imperativamente: «¡Españoles, a las cosas! ¡A las cosas!». ¿Para qué? Basta y sobra con nadar en la superficie. Incluso en la piel de la superficie, si somos tan listos como para hacer ese perspicaz ejercicio. Vista –ojeada– la apariencia, deducimos automáticamente –nunca mejor dicho– lo que es lo que vemos, lo que SON este o aquel. Y los tales, que saben de qué va el asunto, ya se ocupan ellos de mostrar su lado más favorecido, su perfil egipcio, su postura mas gallarda. Para el de enfrente,…

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Juan Conejero vivió en las calles de Barcelona durante cuatro años, cuando las autoridades de Alemania, donde se crió, le obligaron a regresar a España por problemas con la ley. En España, unas 23.000 personas duermen en albergues y servicios públicos de protección social. Por BEATRIZ PÉREZ.

Juan Conejero habla en COMBATE sobre su experiencia en la calle. // KENIA PÉREZ

Juan Conejero habla en COMBATE sobre su experiencia en la calle. // KENIA PÉREZ

Juan Conejero (Cádiz, 1962) reside en el barrio barcelonés del Raval. Desde el año 68 y hasta 2002, vivió en la ciudad de Pforzheim, en Alemania, a donde su padre emigró en la década de los 60 en busca de una vida mejor. «Mi madre se marchó con él y mi hermana y yo nos quedamos en Cádiz, viviendo con una vecina durante un año. Ellos dormían en un garaje. ¿Tú sabes el frío que pasaban?», cuenta. En Alemania, rememora este andaluz, vio la nieve por primera vez: «Al lado de la ventana de la cocina, mi madre me dijo: “Mira, ven”. Fui y lo vi

todo blanco». Conejero estudió fontanería y tuvo diversos trabajos, «todos pequeños». Reconoce haber estado metido en las drogas, lo que le trajo serios problemas. «En febrero de 2000, me pillaron traficando. Estuve en la cárcel dos años y ocho meses», revela. En 2002, lo expulsaron de Alemania, país cuya nacionalidad nunca llegó a conseguir. Abandonó en condición de extranjero el país en el que había estado viviendo durante 34 años y, también como extranjero, aterrizó en Barcelona, donde lo destinaron las autoridades alemanas. Se vio abocado a vivir cuatro años en la calle. «Hablaba…

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En 1945 vio la luz la novela 'Nada', en la que Carmen Laforet narraba las aventuras del primer año universitario de su protagonista, Andrea, en Barcelona. A través de una serie de 20 fotografías, COMBATE ha inmortalizado los principales lugares que la joven visitó a medida que descubría la gran ciudad, empezando por el célebre edificio 36 de la calle Aribau. Por JAIME ABASCAL y BEATRIZ PÉREZ.

Edificio 36 de la calle Aribau. // JAIME ABASCAL

Edificio 36 de la calle Aribau. // JAIME ABASCAL

6 de enero de 1945, Barcelona. El prestigioso Premio Nadal recae sobre la novela Nada. Resulta algo relativamente insólito: su autora, Carmen Laforet (Barcelona, 1921 - Madrid, 2004), una desconocida, tiene apenas 24 años. Pero sorprende otro aspecto también: la brillante y detallada descripción que la escritora, pese a su corta edad, sabe dar de la sociedad de la época, una España hundida en la posguerra y sus consecuencias: hambre, inmovilismo, prohibición. Nada le reporta en aquel momento a Laforet no solo 5.000 de las antiguas pesetas (vivía con 200 al mes de su padre), sino además la satisfacción de ver a su primera (y última, pues no volvió a escribir nada relevante) gran obra colocarse como el

libro más vendido de 1945. Aunque ella lo negó siempre, lo cierto es que entre la novela y la propia vida de la autora existen manifiestos paralelismos que han llevado a considerarla una obra autobiográfica. Gran parte de Nada se desarrolla en el número 36 de la calle Aribau. Allí nace Carmen Laforet en 1921 y, aunque con apenas dos años se marcha con sus padres a vivir a Las Palmas de Gran Canaria, regresa a los 18 con el pretexto de estudiar en la Universidad. A Aribau 36 también arriba, expectante, soñadora, la jovencísima Andrea (protagonista…

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La Biblia es uno de los textos más valiosos de la historia de la literatura universal y abarca casi todos los géneros: ciencia ficción, erotismo, fábula, novela, poesía, profecía. En él, el Evangelio de San Juan, dentro del Nuevo Testamento, sitúa a la palabra como el origen de todas las cosas. Cualquier gran escritor crea, desde el logos, un universo único e irrepetible. Por JOSÉ MARÍA PÉREZ ÁLVAREZ.

'La Torre de Babel' (1563), de Pieter Brueghel. Museo de Historia del Arte de Viena.

'La Torre de Babel' (1563), de Pieter Brueghel. Museo de Historia del Arte de Viena.

Investigar la Biblia, bien como creyente, bien como un simple lector de ciencia ficción (o de cualquier otro género: ese libro contiene todas las posibilidades de la narrativa) depara en ocasiones sustento para cualquier teoría literaria. En el Nuevo Testamento, en el Evangelio de San Juan, el capítulo I, versículo primero, se dice lo siguiente (en la traducción de Cipriano de Valera, «cotejada con diversas traducciones y revisada con arreglo a los originales hebrero y griego»): «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios». Logos es un vocablo de origen griego que puede traducirse por discurso o razón; verbum, de origen latino, suele traducirse por palabra. Tanto Heráclito como Filón de Alejandría

interpretan el logos como una fuerza divina que rige el universo y Platón creía que el logos se identificaba con la voluntad de Dios. San Juan es el primero que en el cristianismo emplea la palabra logos y cuando San Jerónimo traduce la Biblia del griego al latín, concede al logos el significado de verbum o palabra. San Juan parece ser el más interesado en el sentido literario, a la vez que divino, de la palabra como eje creador de Dios. El primer capítulo del Evangelio de San Mateo se ciñe a una tediosa sucesión…

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El poeta ourensano José Ángel Valente nunca ocultó su rechazo hacia su ciudad natal. Huyó de Ourense con 18 años para no regresar jamás. A través de testimonios de amigos suyos y de un texto inédito del escritor Julio López Cid, COMBATE le sigue el rastro al poeta por esta ciudad en la que, sin embargo, decidió ser enterrado cuando vio la muerte venir. Por BEATRIZ PÉREZ y JOSÉ MARÍA PÉREZ ÁLVAREZ.

Valente fue una de las voces más destacadas de la Generación del 50. // ULY MARTÍN

Valente fue una de las voces más destacadas de la Generación del 50. // ULY MARTÍN

Uno no puede elegir su lugar de nacimiento, pero a veces la vida le concede la oportunidad de decidir dónde morir. Al poeta José Ángel Valente Docasar (Ourense, 1929 – Ginebra, 2000) la muerte le llegó en Ginebra, donde vivió la mayor parte de su vida tras períodos en Madrid, Oxford y Almería, pero quiso sin embargo que sus restos yacieran en Ourense, la ciudad que le vio nacer y que abandonó en 1947 para no regresar jamás, excepto en contadas y puntuales ocasiones. «Tierra de nadie» llamaría Valente a Ourense en un poema así titulado, y la describiría como una «pequeña ciudad sórdida, perdida, / municipal, oscura», por la que «pasaban largos trenes / sin destino» y en la que vivió unos años en que «no sabía

/ a qué carta poner / la vida / para no volver siempre / sin nada entre las manos / como buceador del vacío». En Ourense, pese a todo, elegirá ser enterrado. José Ángel Valente tuvo cuatro hijos: Lucila, Antonio, Patricia y María. Esta última no vivió más que unos meses. Lucila y Patricia viven todavía en Ginebra. Antonio, nacido en Oxford, murió en la capital suiza en 1989 con apenas 32 años. Valente decide enterrarlo en Ourense, donde el joven apenas había puesto los pies nunca. La muerte del hijo supone un durísimo golpe para el poeta y en No amanece el cantor le dedica las siguientes líneas: Ahora ya sé que ambos tuvimos una infancia común o compartida porque hemos…

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El Festival Internacional de las Letras de Bilbao, Gutun Zuria, se celebró del 27 al 30 de marzo y del 3 al 6 de abril en la Alhóndiga. Esta séptima edición, cuyo tema central fueron los relatos de frontera, recibió a la Premio Nobel Herta Müller, quien, en conversación con la traductora Cecilia Dreymüller, fue la encargada de abrir el festival. Eran las ocho de la tarde del 27 de marzo y las entradas se habían agotado semanas antes. COMBATE estuvo allí. Por BEATRIZ PÉREZ.

La Premio Nobel de Literatura Herta Müller. // ESSER.

La Premio Nobel de Literatura Herta Müller. // ESSER.

Herta Müller (Nitzkydorf, Rumanía, 1953) es una de las voces más interesantes del panorama literario actual y testigo, a su vez, de la historia reciente de Europa del Este, territorio que con frecuencia se le figura más bien lejano a un Occidente donde los debates en torno al norte y al sur del continente acaparan las agendas política y mediática. Sin embargo, Europa del Este, con su península de los Balcanes (Albania, Bosnia y Herzegovina, Bulgaria, Croacia, Grecia, República de Macedonia, Montenegro, Rumanía, Serbia, Kósovo y la región turco-europea de Estambul), es tierra de una inmensa riqueza cultural, marcada todavía por un no tan lejano pasado de guerras y dictaduras. Los Balcanes son esa parte del continente donde Europa se abraza con Asia, un territorio de gran pluralidad cultural y lingüística, pero donde también se cometieron atrocidades.

La obra literaria y ensayística de Herta Müller gira en torno a las condiciones de vida en Rumanía durante la dictadura comunista de Nicolae Ceaucescu (1967-1989), que la marcaron para siempre y que, finalmente, le obligaron a abandonar el país en los 80. Herta Müller nació en el Banat, una región de habla germana en el distrito rumano de Timis, cuya capital es la ciudad de Timisoara. En Timisoara se gestó, durante las Navidades de 1989, la revolución que se propagó posteriormente por todo el país y que acabaría por derrocar al régimen de Ceaucescu. Müller pertenece a la minoría alemana de los Suabos del Danubio. Aunque domina el rumano, siempre ha escrito…

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Un comedor escolar. Una niña es reprendida por la cuidadora, que informa al padre del mal comportamiento de la cría. Una voz en off cuenta poco a poco el porqué de esta actitud. Rápidamente, reuniones de urgencia del AMPA, del director, del jefe de estudios, del secretario. Pero ¿quiénes son las víctimas, quiénes los culpables? Al final la memoria colectiva se encargará de rehacer la historia. Por JAVIER PASTOR.

'Memoria', Carmen Mariscal.

'Memoria', Carmen Mariscal.

Adhiriéndome con humildad de postit a esa corchera ya casi forrada de novelistas que se realizan como realizadores, cineastas que novelizan sus guiones y etcétera, la historia que cuenta mi peliculín, un largometraje de minutaje justito y discretísimo presupuesto interpretado por actores aficionados del Colector Teatral Manndawewosh, sucede en un poblachón llano de muy viva tradición agrícola, abrazado por un anillo de polígonos, hipermercados y cooperativas que aseguran a sus cuarenta mil habitantes prosperidad razonable y oferta diversa, un índice de paro poco sonrojante, delincuencia la justa y servicios sociales, educativos, culturales y sanitarios que de momento cubren con holgura, a falta del suntuoso centro comercial donde

echar la tarde mirándose en los escaparates, sus necesidades: polideportivo, piscinas, pabellón cubierto, una docena de colegios, otra de institutos de secundaria y centros de formación profesional, un conservatorio, guarderías, archivo y biblioteca, un gran hospital, una treintena de farmacias. Ya se hacen una idea. Un equipo de fútbol, un canal de TV, un cine-teatro, un par de pintores, otro de escritores y otro de millonarios de los que fardar y en este pueblo grandón y bien majete, de gente que gasta con el forastero la franca cordialidad del que come fuerte y…

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¿Para qué se escriben las memorias: contra el olvido o para el olvido? Ante aquellos sucesos que más nos marcaron, jamás encuentra uno palabras. Tratar de explicarse la existencia, de codificarla, es un vano intento de apresar la sombra que se desvincula de nosotros pese a su proximidad evidente. Por JOSÉ MARÍA PÉREZ ÁLVAREZ.

Gustave Flaubert beholds his beloved. // GERARD RICHTER, 1966

Gustave Flaubert beholds his beloved. // GERARD RICHTER, 1966

Uno nunca sabe si las memorias se escriben contra el olvido o para el olvido. Afanándonos en rescatar los sucesos de nuestra infancia, los descubrimientos de la adolescencia, las presunciones de la juventud, las certezas de la madurez o las resignaciones de la ancianidad, seguramente despreciamos aquello que nos inundó de una felicidad o de un dolor tan profundo, que sería inútil intentar describirlo. No sirven entonces las palabras y uno termina silenciando aquel suceso que nos marcó durante un tiempo extinto y a la vez perdurable. Si yo tratara de escribir mis memorias jamás podría describir por qué los ojos, acostumbrados ya a tantas cosas, pueden llenarse

de lágrimas ante un atardecer en La Costa de la Muerte y tendría que silenciar ese hecho que seguramente me conmovió más contundentemente que muchas páginas leídas o que algunas músicas que trajeron tanta paz necesaria al desconcierto de vivir. Los acontecimientos frágiles que se dan a lo largo de una existencia, a poco que uno vaya con los sentidos dispuestos, resultan por lo general indecibles: el vuelo de un pájaro aquella mañana de abril, la soledad de la lluvia en un puerto de mar, la paz insólita de un bar vacío…

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En esta era de sobreinformación los periodistas corren el riesgo de intoxicar a la ciudadanía con un exceso de noticias. Conviene distinguir los ecos de las voces, como decía Machado, y no anteponer la inmediatez al rigor. Para ello es indispensable el compromiso de informadores, sistema educativo y gobierno. Por NACHO MIRÁS.

Diputados del Partido Nacional de Rescate de Camboya tras hacerse públicos los resultados de las elecciones de 2013. // MAGNUM

Diputados del Partido Nacional de Rescate de Camboya tras hacerse públicos los resultados de las elecciones de 2013. // MAGNUM

En la fragilidad de la libertad de prensa en muchos países del mundo repara cualquiera, incluso el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, que recordaba hace poco que en lo que va de año ya han muerto catorce periodistas, la mayor parte trabajando en conflictos bélicos. El año pasado fueron 77. Otros 211 estaban en la cárcel por hacer su labor... incluso contabiliza la ONU casi quinientos informadores exiliados. Darle la vuelta a esta situación siempre será un deseo de nuestro colectivo profesional, lo que no quita que, sin salir de nuestro entorno, podamos reflexionar sobre un momento de alboroto informativo como nunca se

ha vivido, una era de la sobreinformación en la que los periodistas también corremos el riesgo de intoxicar, convencidos falsamente de que solo cumplimos nuestra misión. Vivimos sobreinformados. Es un hecho. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos recibimos tal cantidad de noticias y por tantos canales que corremos el riesgo de saber más del mundo que de nuestra propia casa. Nuestros abuelos fueron capaces de sentar las bases sobre la que montamos nuestra sociedad sin tener una infinitésima parte de los inputs informativos que cualquiera de nosotros puede recibir en una sola jornada.…

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Los vientos han estado siempre presentes en la literatura de escritores como Joseph Conrad y Álvaro Cunqueiro. Para el primero, estaban ligados a los peligros de la mar; el segundo atribuía a cada viento una dolencia corporal concreta. "Vientos", escrito originariamente en gallego, ganó en 2008 el V Premio Fernández del Riego de Xornalismo. Por SANTIAGO LAMAS. Traducción de J. M. PÉREZ ÁLVAREZ.

'Monje a orillas del mar' (1809), de Caspar David Friederich.

'Monje a orillas del mar' (1809), de Caspar David Friederich.

Cada uno a su manera, de vientos sabían Conrad y Cunqueiro. Los vientos de Conrad tenían jerarquías y geografías precisas; los de Cunqueiro, más bulliciosos, territorios menos conocidos y un tanto veleidosos. Es cosa sabida que en la Bretaña bretonante y también en el país gallego, a veces los difuntos vuelven del más allá bajo el aspecto de un viento a causa de la nostalgia. Cunqueiro cuenta en Crónicas do sochantre que una vieja rezaba un padrenuestro cuando sentía un viento silbante a su lado porque reconocía en él al difunto conde de Kloëmel que pasaba a caballo y sus vecinos se quitaban el sombrero ante una brisa de mayo porque adivinaban

que era la hermosa Ana de Cambourg que caminaba sonriente entre las ramas de los abedules. Cunqueiro conocía vientos esclavos e incluso un viento con casa propia y una huerta con frutales, regalo que los griegos de Turios habían hecho al viento del norte por haber acudido a su reclamo para hacer huir las naves enemigas. En la idea de Cunqueiro, los cinco vientos continentales y los nueve marinos andan también por el cuerpo como aventadas y se requiere de una técnica extremadamente hábil para domesticarlos. Cada viento libre produce…

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Volcanes espectaculares, glaciares interminables y géisers que surgen de las profundidades de la tierra. Islandia es ese lugar único que en 2008 saltó a los periódicos por una crisis que hundió a su sistema financiero y levantó a sus ciudadanos. Más de cinco años después, ¿qué queda de todo aquello? ¿Cómo es Islandia hoy? Por PABLO JIMÉNEZ.

Vapor del géiser Strokkur. // PABLO JIMÉNEZ

Vapor del géiser Strokkur. // PABLO JIMÉNEZ

La carretera que une el aeropuerto internacional de Keflavik con Reykjavik, la capital de Islandia, recorre paisajes casi lunares. Los árboles escasean en este país, de un tamaño mayor que Portugal, pero en donde viven poco más de 320.000 personas. La mayoría en las áreas urbanas en torno a su ciudad principal, que es también el centro político, cultural y económico de la nación. Los campos de lava solidificada, con formas extrañas y el color verdoso de los líquenes, aparecen a los lados de la calzada. Las huellas volcánicas están aquí y allá en esta isla, poblada por más de 200 volcanes en su territorio. Por culpa de uno de ellos,

el Eyjafjallajökull, el cielo europeo se llenó de ceniza en 2010, haciendo imposible que ningún avión volase sobre el continente durante semanas. Esta era la segunda vez en pocos años que este país, a medio camino entre América y Eurasia, saltaba a los titulares de los periódicos de medio mundo. Unos 17 meses antes lo hacía por una razón bien diferente: su descomunal sistema financiero, compuesto por tres bancos que valían diez veces más que la riqueza del país, se vino abajo en octubre de 2008, pocos días después…

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El biólogo Thomas Henry Huxley sostuvo en su obra la justificación social del sometimiento del débil ante el fuerte. El ruso Kropotkin se opuso a esta idea al insistir en que en la naturaleza hay muchos más comportamientos que la competencia. Pero la única característica que parecen cumplir todas las especies es una: la adaptación a su entorno. Por DANI FONT.

Sátira de Darwin en 'La Petite Lune', por André Gill (1878).

Sátira de Darwin en 'La Petite Lune', por André Gill (1878).

Cuando Charles Darwin (1809-1882) elaboró su teoría sobre la selección natural, difícilmente podía imaginar que su modelo para la biología serviría para justificar en lo social la opresión del fuerte sobre el débil. Y eso precisamente era lo que pretendió el biólogo británico Thomas Henry Huxley (1825-1963) en su libro La lucha por la existencia. Huxley (no confundirlo con Aldous Huxley, autor de Un mundo feliz, 1932) encontró en la idea darwinista de la selección y la lucha por la vida la justificación de una situación social que bajo su perspectiva dejaba de ser injusta y pasaba a ser «natural». De hecho, en el imaginario colectivo se ha impuesto la visión

huxleyana del darwinismo centrada en la competencia entre las especies y en la que los débiles mueren y los fuertes, los listos y los espabilados ganan. Casi, casi, una especie de guerra de todos contra todos, tal y como pretendía Hobbes cuando describía cómo vivía la humanidad antes del advenimiento del Estado. Por supuesto, esto no es así. En la naturaleza hay muchos más comportamientos además de la competencia. Muchas individuos cooperan entre ellos e incluso se establecen relaciones simbióticas entre especies distintas mediante las cuales, ambas salen beneficiadas…

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